Mittwoch, 6. Juni 2007

PRIMER POSTULADO SOBRE EL TIEMPO

(4/1/5; 22h39)
«Cuando sientas que debes hacer algo, acuéstate y espera a que ese sentimiento desaparezca» (Proverbio Corso)

Al tiempo le pido tiempo… no… es el tiempo que me pide tiempo, y al tiempo (si me da la gana), tiempo le doy. Acaba de aprender Adriana que la longitud de un día no se mide por la sucesión de segundos, minutos u horas. Mucho menos en función de la cantidad de cosas que tengamos que hacer. La duración de un día depende única y exclusivamente de nuestra actitud ante él… y un poco de la causalidad. Que, por casualidad, muchas veces es también una cuestión de actitud.
Veinticuatro horas y un plan que, en condiciones normales se le calcula unas dieciocho. Aún así, Adriana no tuvo reparos en pasarse la mitad del día en el éxtasis de los brazos de un tal Morfeo. ¿Lo normal?... correr por salir de ellos así que la consciencia canta la hora. O no: el tiempo perdido no regresa, ¿para qué llorarlo?... y vistas las cosas desde ese punto de vista, ¿no valdrá más bien la pena perder un poquito más?

La calma guía los pasos de Adriana mientras ésta se las arregla para cumplir una a una las tareas del día, sin siquiera detenerse un poco a mirar el balance de la contabilidad temporal. Razón por la cual se sorprende al encontrarlo todo hecho cuando aún frente a ella le saludaban muchas de las horas que aún esperaban en la fila a este punto del calendario. ¿Al tiempo le pido tiempo y el tiempo, tiempo me da?... definitivamente, mejor al contrario.

Hoy Adriana se ha convencido de lo bien que hace al destruir (literal e involuntariamente) cualquier reloj que invada su rutina (defínanle rutina, por favor). Cada día que pasa, menos esclava del tiempo. Cada día que pasa. Cada día.

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