(5/1/5; 21h16)
Y le habían metido en un embrollo tan grande que él, sin embargo, sabía comprender. Conocía sus motivos y motivadores, lo único que desconocía, era la solución.
Es más, conocía tan bien los meandros de la situación, que sabía que la decisión más inteligente sería salir inmediatamente del contexto. Y, por supuesto, fue lo que hizo...
Desapareció (dejando rastro) del epicentro de los conflictos, abandonando a sus protagonistas y a todos aquellos que, sin serlo, merodeaban a sus alrededores. Contrario a lo que se puede pensar, él no huyó del problema. Su interpretación es que, simple y llanamente, lo eliminó.
Lamentablemente, como casi siempre sucede cuando extraemos una planta por su raíz, o cuando se extirpa un tumor cualquiera, en su proceso de exterminio de problema fueron arrastrados pequeños pormenores... las inevitables víctimas inocentes. No se puede hacer nada contra ello.
Hoy, una de esas inocentes víctimas decidió también salir del contexto a su manera, y hacerle ver a él que había sobrevivido a su fumigación. Unas palabras bastaron para devolverse mutuamente ese trocito de contexto que sin querer se había arrancado, pero que gracias a cualquier fuerza resistió al abate y aquí está, de nuevo.
Ahora él no puede dejar de pensar en todos los otros trocitos de contextos arrancados en su furia exterminadora, y en como no todos serían lo suficientemente valientes (o elásticos) para regresar por sí mismos. Debería él partir en su búsqueda? Debería esperar un poco más?
...no interesa. Otro día se preocupará con ello. Lo que importa es que hoy tiene un motivo para disfrutar del regreso de aquello que se creía perdido para siempre... hasta que no lo vuelva a perder.
Donnerstag, 7. Juni 2007
Mittwoch, 6. Juni 2007
PRIMER POSTULADO SOBRE EL TIEMPO
(4/1/5; 22h39)
«Cuando sientas que debes hacer algo, acuéstate y espera a que ese sentimiento desaparezca» (Proverbio Corso)
Al tiempo le pido tiempo… no… es el tiempo que me pide tiempo, y al tiempo (si me da la gana), tiempo le doy. Acaba de aprender Adriana que la longitud de un día no se mide por la sucesión de segundos, minutos u horas. Mucho menos en función de la cantidad de cosas que tengamos que hacer. La duración de un día depende única y exclusivamente de nuestra actitud ante él… y un poco de la causalidad. Que, por casualidad, muchas veces es también una cuestión de actitud.
Veinticuatro horas y un plan que, en condiciones normales se le calcula unas dieciocho. Aún así, Adriana no tuvo reparos en pasarse la mitad del día en el éxtasis de los brazos de un tal Morfeo. ¿Lo normal?... correr por salir de ellos así que la consciencia canta la hora. O no: el tiempo perdido no regresa, ¿para qué llorarlo?... y vistas las cosas desde ese punto de vista, ¿no valdrá más bien la pena perder un poquito más?
Al tiempo le pido tiempo… no… es el tiempo que me pide tiempo, y al tiempo (si me da la gana), tiempo le doy. Acaba de aprender Adriana que la longitud de un día no se mide por la sucesión de segundos, minutos u horas. Mucho menos en función de la cantidad de cosas que tengamos que hacer. La duración de un día depende única y exclusivamente de nuestra actitud ante él… y un poco de la causalidad. Que, por casualidad, muchas veces es también una cuestión de actitud.
Veinticuatro horas y un plan que, en condiciones normales se le calcula unas dieciocho. Aún así, Adriana no tuvo reparos en pasarse la mitad del día en el éxtasis de los brazos de un tal Morfeo. ¿Lo normal?... correr por salir de ellos así que la consciencia canta la hora. O no: el tiempo perdido no regresa, ¿para qué llorarlo?... y vistas las cosas desde ese punto de vista, ¿no valdrá más bien la pena perder un poquito más?
La calma guía los pasos de Adriana mientras ésta se las arregla para cumplir una a una las tareas del día, sin siquiera detenerse un poco a mirar el balance de la contabilidad temporal. Razón por la cual se sorprende al encontrarlo todo hecho cuando aún frente a ella le saludaban muchas de las horas que aún esperaban en la fila a este punto del calendario. ¿Al tiempo le pido tiempo y el tiempo, tiempo me da?... definitivamente, mejor al contrario.
Hoy Adriana se ha convencido de lo bien que hace al destruir (literal e involuntariamente) cualquier reloj que invada su rutina (defínanle rutina, por favor). Cada día que pasa, menos esclava del tiempo. Cada día que pasa. Cada día.
AMOR ARISTOTÉLICO, capítulo I
(3/1/5; 22h32)
Lo por ti siento creció conmigo, razón por la cual hoy en día es la preposición en la frase de mi existencia. No conozco más de ti que la imagen que me creo, y he de confesarte que estoy muy satisfecha con mi creatividad. Es esa imagen lo que me mueve y conmueve, lo que me impulsa, alimenta, emociona, alivia, conforta, preocupa… en fin, es por esa imagen que soy. Esta unión ha marcado ya más de la mitad de mi tiempo de estadía en este planeta. Porque sí, porque es cierto, porque algo nos une y ha de unirnos para siempre.
Aún cuando yo para ti no sea más que esa voz desesperada que un día escuchaste, esos ojos ansiosos que un día miraste, uno más entre los mil agradecimientos que recibirás hasta la eternidad. Aún cuando no me recuerdes, te has pasado la vida (MI vida) rescatándome de todos los abismos posibles, regalándome lo mejor que he recibido: inspiración. ¿Existe la palabra «muso»?. Si no existe, ya la invento. Tú eres definitivamente el mío. Mejor no, es demasiado cursi. Tú eres más. Talvez, lo seas simplemente todo.
Si existe algún Everest con lo que una persona puede llegar a significar para otra, he de felicitarte porque has coronado el mío. Nunca lo sabrás. Y si algún día ocurre que lo sepas, no me comprenderás… nadie lo ha hecho, nadie lo hace, ni siquiera yo. No es amor, porque según lo que de él dicen, ese se puede acabar… no es tampoco pasión, ni obsesión, ni devoción, ni emoción… probablemente sea la mixtura descontrolada de todo ello.
Eso a lo que llaman experiencia de la vida aún no me ha logrado traer al universo de lo tangible… cada vez me aferro más a ti… aunque pensándolo bien, tú lo eres… REAL… TANGIBLE… humano. Algo en mí me sigue implorando para que no asesine a esta ilusión. ¿Más mío de lo que ya eres? Quién sabe…
Lo por ti siento creció conmigo, razón por la cual hoy en día es la preposición en la frase de mi existencia. No conozco más de ti que la imagen que me creo, y he de confesarte que estoy muy satisfecha con mi creatividad. Es esa imagen lo que me mueve y conmueve, lo que me impulsa, alimenta, emociona, alivia, conforta, preocupa… en fin, es por esa imagen que soy. Esta unión ha marcado ya más de la mitad de mi tiempo de estadía en este planeta. Porque sí, porque es cierto, porque algo nos une y ha de unirnos para siempre.
Aún cuando yo para ti no sea más que esa voz desesperada que un día escuchaste, esos ojos ansiosos que un día miraste, uno más entre los mil agradecimientos que recibirás hasta la eternidad. Aún cuando no me recuerdes, te has pasado la vida (MI vida) rescatándome de todos los abismos posibles, regalándome lo mejor que he recibido: inspiración. ¿Existe la palabra «muso»?. Si no existe, ya la invento. Tú eres definitivamente el mío. Mejor no, es demasiado cursi. Tú eres más. Talvez, lo seas simplemente todo.
Si existe algún Everest con lo que una persona puede llegar a significar para otra, he de felicitarte porque has coronado el mío. Nunca lo sabrás. Y si algún día ocurre que lo sepas, no me comprenderás… nadie lo ha hecho, nadie lo hace, ni siquiera yo. No es amor, porque según lo que de él dicen, ese se puede acabar… no es tampoco pasión, ni obsesión, ni devoción, ni emoción… probablemente sea la mixtura descontrolada de todo ello.
Eso a lo que llaman experiencia de la vida aún no me ha logrado traer al universo de lo tangible… cada vez me aferro más a ti… aunque pensándolo bien, tú lo eres… REAL… TANGIBLE… humano. Algo en mí me sigue implorando para que no asesine a esta ilusión. ¿Más mío de lo que ya eres? Quién sabe…
CIUDAD MÍA, parte I
(2/1/5; 22h12)
La ciudad llena pierde todo su encanto. Con la multitud vienen las filas, las colas, las hileras, los hilos, las cuerdas y las cadenas. Y con las cadenas, la prisión.
La ciudad llena pierde todo su encanto. Con la multitud vienen las filas, las colas, las hileras, los hilos, las cuerdas y las cadenas. Y con las cadenas, la prisión.
Ella, que nunca perteneció a esta ciudad, en medio de la multitud se siente más sola que nunca. Más personas, más soledad… siempre ha sido así. Es por ello que espera con ansia esos magníficos días en los que todos aquellos que prestan sus vidas al cotidiano de esta pretensa urbe escapan buscando sus orígenes, huyen en masa hacia allí donde pertenecen, dejándola sola con la villa, de la cual tampoco es parte original, pero que hace suya cuando nadie la ve.
Es cuando todos se van que ella se redescubre… se siente en libertad para pasear por las calles durante indefinidas horas sin que el temor de un encuentro inesperado le amargue el placer de la marcha. Se siente en libertad de entrar y salir de los comercios sin pensar en las miradas que vigilan el destino de sus economías. Es cuando todos se van que ella puede sentarse en la paz de la mesa de un café, para escribir, para pensar, sin necesidad de contar los minutos que pasarán antes que el primer conocido invada su espacio e instaure de inmediato la obligación mutua y universal de entablar una conversación sin contenido, de esas que sólo sirven para decir que nos mantenemos en contacto.
Hoy la ciudad se llena y ella ya lo lamenta. Ya no podrá hacerla suya, se le irá de las manos como la libertad de lo impersonal. Las cadenas están de vuelta. Tendrá que reacostumbrarse.
Abonnieren
Kommentare (Atom)